razones lógicas, me resulta difícil creer que puedan existir principios que no marquen ninguna diferencia en los hechos. Pero todos los hechos son hechos particulares, и todo el interés de la cuestión de la existencia de Dios me parece residir en las consecuencias para los particulares que dicha existencia pueda entrañar. Que ningún particular concreto de la experiencia altere su semblante como consecuencia de la presencia de Dios me parece una proposición increíble, y sin embargo es la tesis a la que (implícitamente al menos) parece aferrarse el sobrenaturalismo refinado. Es solo con la experiencia en bloc, dice, con la que el Absoluto mantiene relaciones. No se condesciende a ninguna transacción de detalle.
Ignoro el budismo y hablo sujeto a corrección, y meramente con el fin de describir mejor mi punto de vista general; pero según entiendo la doctrina budista del Karma, coincido en principio con ella. Todos los sobrenaturalistas admiten que los hechos están bajo el juicio de una ley superior; pero para el budismo, tal como lo interpreto, y para la religión en general en la medida en que no esté debilitada por la metafísica transcendentalista, la palabra «juicio» aquí no significa un veredicto puramente académico ni una apreciación platónica como la que significa en los sistemas vedánticos o absolutistas modernos; conlleva, por el contrario, ejecución consigo, es in rebus además de post rem, y opera «causalmente» como factor parcial en el hecho total. El universo se convierte en un gnosticismo puro y simple bajo cualquier otro término. Pero esta visión de que el juicio y la ejecución van de la mano es la de la forma de pensar sobrenaturalista más tosca, por lo que el presente volumen debe clasificarse en conjunto con las demás expresiones de dicho credo.
Planteo el asunto con esta franqueza porque la corriente de pensamiento en los círculos académicos va en contra de mí, y me siento como un hombre que debe apoyar la espalda contra una puerta abierta con rapidez si no desea verla cerrada y con llave.