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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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II

En la locura delirante, la paranoia, como a veces la llaman, podemos encontrar un misticismo diabólico, una especie de misticismo religioso vuelto del revés. La misma sensación de importancia inefable en los acontecimientos más pequeños, los mismos textos y palabras cargados de nuevos significados, las mismas voces, visiones, guías y misiones, el mismo control por fuerzas extrínsecas; solo que esta vez la emoción es pesimista: en lugar de consolaciones tenemos desolaciones; los significados son aterradores; y las fuerzas son enemigas de la vida. Es evidente que, desde el punto de vista de su mecanismo psicológico, el misticismo clásico y estos misticismos inferiores brotan del mismo nivel mental, de esa gran región subliminal o transmarginal cuya existencia la ciencia empieza a admitir, pero de la que tan poco se sabe en realidad. Esa región contiene toda clase de materias: «el serafín y la serpiente» moran allí lado a lado. Venir de allí no constituye ninguna credencial infalible. Lo que procede de ese ámbito debe ser cernido y probado, y pasar por el suplicio de la confrontación con el contexto total de la experiencia, exactamente igual que lo que proviene del mundo exterior de los sentidos. Su valor debe determinarse mediante métodos empíricos, siempre que no seamos nosotros mismos místicos.

Una vez más, repito entonces que los no místicos no tienen la obligación de reconocer en los estados místicos una autoridad superior conferida a ellos por su naturaleza intrínseca.

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