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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia XIX

la mayor cantidad posible de vida espiritual, y debemos situar nuestras mentes en cualquier actitud que la experiencia demuestre ser favorable a dicha absorción. La oración es el nombre general que recibe esa actitud de abierta y ferviente expectativa. Si luego preguntamos a quién rezar, la respuesta (por extraña que parezca) debe ser que eso no importa mucho. La oración no es en verdad algo puramente subjetivo;⁠—significa un aumento real en la intensidad de la absorción de poder espiritual o gracia;⁠—pero no sabemos lo suficiente de lo que ocurre en el mundo espiritual como para saber cómo opera la oración;⁠—quién tiene conocimiento de ella, o a través de qué canal se concede la gracia. Es mejor que los niños recen a Cristo, que es en cualquier caso el espíritu individual más elevado del que tenemos conocimiento. Pero sería imprudente afirmar que Cristo mismo nos escucha;⁠—mientras que decir que Dios nos escucha equivale meramente a reafirmar el primer principio⁠—el de que la gracia fluye desde el

Reservemos la cuestión de la verdad o falsedad de la creencia de que el poder es absorbido para la próxima conferencia, cuando nuestras conclusiones dogmáticas, si es que tenemos alguna, deban ser alcanzadas. Que esta conferencia se confine todavía a la descripción de fenómenos; y como ejemplo concreto de tipo extremo, de la manera en que aún puede llevarse una vida de oración, permitidme tomar un caso con el que la mayoría de vosotros debéis estar familiarizados, el de George Müller de Bristol, que murió en 1898. Las oraciones de Müller eran de la índole petitoria más burda. Al principio de su vida decidió tomar ciertas promesas bíblicas con literal sinceridad, y dejarse alimentar, no por su propia previsión mundana, sino por la mano del Señor. Tuvo una carrera extraordinariamente activa y exitosa, entre cuyos frutos estuvieron la distribución de más de dos millones de ejemplares del texto de las

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