hacer es, por tanto, ofrecer algo que se adapte a los hechos con tanta naturalidad que vuestra lógica científica no encuentre ningún pretexto plausible para vetar vuestro impulso de acogerlo como verdadero.
El «más», como lo llamábamos, y el significado de nuestra «unión» con él, forman el núcleo de nuestra investigación.
¿A qué descripción concreta pueden traducirse estas palabras y de qué hechos concretos son símbolo?
No nos serviría de nada situarnos de buenas a primeras desde la perspectiva de una teología particular, la teología cristiana, por ejemplo, y proceder inmediatamente a definir el «más» como Jehová, y la «unión» como su atribución a nosotros de la justicia de Cristo.
Eso sería injusto para con otras religiones y, al menos desde nuestro punto de vista actual, constituiría una supercreencia.
Debemos empezar por utilizar términos menos particularizados; y, dado que uno de los deberes de la ciencia de las religiones es mantener la religión en conexión con el resto de la ciencia, haremos bien en buscar ante todo una manera de describir el «más» que los psicólogos también puedan reconocer como real.
El yo subconsciente es hoy en día una entidad psicológica bien acreditada; y creo que en él poseemos exactamente el término mediador requerido. Aparte de todas las consideraciones religiosas, hay real y literalmente más vida en nuestra alma total de la que en ningún momento somos conscientes.
La exploración del campo transmarginal apenas ha sido abordada con seriedad todavía, pero lo que el Sr. Myers dijo en 1892 en su ensayo sobre la Conciencia Subliminal sigue siendo tan cierto como cuando fue escrito por primera vez: