“Como el Señor nos provee día a día, … el pago de la semana podría vencerse y podríamos no tener dinero para cubrirlo; y así aquellos con quienes tratamos podrían verse incomodados por nuestra causa, y podríamos ser hallados obrando en contra del mandamiento del Señor: «No debáis a nadie nada». Desde este día en adelante, mientras el Señor nos dé nuestros sustentos día a día, nos proponemos pagar al contado por cada artículo en cuanto sea comprado, y nunca comprar nada a menos que podamos pagarlo al contado, por mucho que parezca ser necesario, y por mucho que aquellos con quienes tratamos deseen que se les pague solo por semana”.
Los artículos necesarios de los que habla Müller eran la comida, el combustible, etc., de sus orfanatos. De algún modo, por mucho que a menudo estén a punto de quedarse sin una comida, casi nunca parece que realmente lo hayan hecho.
“Mayor y más manifiesta cercanía de la presencia del Señor nunca he tenido que cuando, después del desayuno, no había medios para la cena de más de cien personas; o cuando, después del almuerzo, no había medios para el té, y sin embargo el Señor proveyó el té; y todo esto sin que ni un solo ser humano hubiera sido informado acerca de nuestra necesidad. … Por la gracia, mi mente está tan plenamente segura de la fidelidad del Señor que, en medio de la mayor necesidad, se me permite seguir ocupándome en paz de mi otro trabajo. Ciertamente, si el Señor no me diera esto, que es el resultado de confiar en Él, apenas podría trabajar en absoluto; porque ahora es comparativamente raro que llegue un día en que no tenga necesidad para una u otra parte de la obra.”