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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencias XIV y XV

haber servido para frenar nuestras pasiones naturales, y a veces de proporcionarles pretextos hipócritas. Pero la hipocresía también impone obligaciones, y con el pretexto suele unir alguna restricción; y cuando la ráfaga de pasión ha pasado, la piedad puede traer consigo una reacción de arrepentimiento que el hombre natural irreligioso no habría mostrado.

Por muchos de los históricos desafueros que se le han achacado, la religión como tal, por tanto, no es la culpable.

Sin embargo, del cargo de que el excesivo celo o el fanatismo se cuentan entre sus pasivos no podemos absolverla por completo, así que a continuación haré una observación al respecto. Pero la precederé con una observación preliminar que se relaciona con mucho de lo que sigue.

Nuestro estudio de los fenómenos de la santidad ha producido indudablemente en sus mentes una impresión de extravagancia. ¿Es necesario, se han preguntado algunos de ustedes a medida que desfilaban ante nosotros un ejemplo tras otro, ser tan fantásticamente bueno como eso? A nosotros, que no tenemos vocación para los extremos de la santidad, seguramente se nos perdonará en el día final si nuestra humildad, ascetismo y devoción resultan ser de una laya menos convulsiva. Esto equivale en la práctica a decir que mucho de lo que es legítimo admirar en este campo no necesita, sin embargo, ser imitado, y que los fenómenos religiosos, al igual que todos los demás fenómenos humanos, están sujetos a la ley del justo medio. * Los reformadores políticos llevan a cabo sus sucesivas tareas en la historia de las naciones permaneciendo ciegos por un tiempo ante otras causas. * Las grandes escuelas de arte logran los efectos que es su misión revelar, a costa de una parcialidad que otras escuelas

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