“Cuando te detienes en una sola cosa, dejas de abrirte al Todo.
“Pues para llegar al Todo debes renunciar al Todo.
“Y si llegaras a poseer el Todo, debes poseerlo deseando Nada.
“En este despojo, el alma halla su tranquilidad y su descanso. Profundamente establecida en el centro de su propia nada, no puede ser asaltada por nada que venga de abajo; y puesto que ya no desea nada, lo que viene de arriba no puede deprimirla; pues solo sus propios deseos son la causa de sus desdichas”.
Y ahora, como un ejemplo más concreto de los puntos 4 y 5, de hecho de todos nuestros puntos juntos, y del extremo irracional al que un individuo psicópata puede llegar en la línea de la austeridad corporal, citaré el relato del sincero Suso sobre sus propias automutilaciones. Suso, como recordarán, fue uno de los místicos alemanes del siglo XIV; su autobiografía, escrita en tercera persona, es un documento religioso clásico.
“Era en su juventud de un temperamento lleno de fuego y de vida; y cuando esto empezó a hacerse notar, le resultaba muy doloroso; y buscó por muchos medios cómo someter su cuerpo. Llevó durante mucho tiempo un cilicio y una cadena de hierro, hasta que le brotó la sangre, de modo que se vio obligado a dejarlos. Hizo que le confeccionaran en secreto una camisa interior; y en la camisa interior llevaba fijas tiras de cuero, en las que se habían hincado ciento cincuenta clavos de latón, puntiagudos y limados con filo, y las puntas de los clavos estaban siempre vueltas hacia la carne. Mandó hacer esta prenda muy ceñida,