“Abraza estas prácticas con toda la energía de tu alma y hallarás en poco tiempo grandes delicias y consolaciones inefables. “Despréciate a ti mismo y desea que los demás te desprécien. “Habla en tu propio desfavor y desea que los demás hagan lo mismo; “Concibe un concepto bajo de ti mismo y alégrate de que los demás tengan el mismo; “Para gozar del sabor de todas las cosas, no tengas apego a nada. “Para conocer todas las cosas, aprende a no saber nada. “Para poseer todas las cosas, resuelve no poseer nada. “Para ser todas las cosas, ten la disposición de no ser nada. “Para llegar a donde no tienes gusto por nada, atraviesa cuantas experiencias te desagraden. “Para aprender a no saber nada, ve allí donde ignoras. “Para alcanzar lo que no posees, ve a donde no posees nada. “Para ser lo que no eres, experimenta lo que no eres.”
Estos versos posteriores juegan con ese vértigo de la autocontradicción que es tan querido por el misticismo.
Los que vienen a continuación son completamente místicos, pues en ellos san Juan pasa de Dios a la noción más metafísica del Todo.