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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencias XI, XII y XIII

inmundicia común, el libertinaje, la profanidad y las contaminaciones del mundo, porque, mediante la gran bondad de Dios y una educación civilizada, me había visto preservado de esos males más groseros, aún tenía muchos otros males que desechar y abandonar; algunos de los cuales el mundo, que yace en la maldad (1 Juan 5:19), no los consideraba males, pero por la luz de Cristo se me manifestaron como tales y, en consecuencia, fueron condenados en mí. > > »En particular, aquellos frutos y efectos del orgullo que se manifiestan en la vanidad y la superfluidad de los avíos, en los que encontraba demasiado deleite. Se me exigió que desecho y abandonase este mal de mis obras; y el juicio pesó sobre mí hasta que lo hize. > > »Retiré de mis prendas aquellos adornos innecesarios de encajes, cintas y botones inútiles que no tenían un servicio real, sino que estaban puestos únicamente para aquello que erróneamente se llamaba adorno; y dejé de usar anillos. > > »Asimismo, el dar títulos lisonjeros a hombres entre los cuales y yo no existía relación alguna a la que se pudiera pretender que tales títulos correspondieran. Este era un mal al que había sido muy afecto y en el cual se me consideraba un diestro artífice; por tanto, también se me exigió que desechase y abandonase este mal. De modo que en adelante no me atreví a decir Señor, Amo, Mi Lord, Madam (o Mi Dama); ni a decir Su Servidor a nadie con quien no guardara la relación real de sirviente,

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