«¡Eso eres tú!», dicen las Upanishads, y los vedantistas añaden:
“No una parte, ni un modo de Aquello, sino idénticamente Aquello, ese Espíritu absoluto del Mundo.”
“Como el agua pura vertida en agua pura sigue siendo la misma, así, oh Gautama, es el Sí mismo de un pensador que sabe. Agua en agua, fuego en fuego, éter en éter, nadie puede distinguirlos; asimismo, el hombre cuya mente ha entrado en el Sí mismo”.
«“Todo hombre”, dice el sufí Gulshan-Râz, “cuyo corazón ya no se ve sacudido por ninguna duda, sabe con certeza que no hay más ser que Uno solo. … En su divina majestad el yo, el nosotros, el tú, no se encuentran, pues en el Uno no puede haber distinción. Todo ser que es aniquilado y se aparta por completo de sí mismo, oye resonar fuera de sí esta voz y este eco: Yo soy Dios: tiene un modo eterno de existir, y ya no está sujeto a la muerte”».
En la visión de Dios, dice Plotino, “lo que ve no es nuestra razón, sino algo anterior y superior a nuestra razón. … Quien así ve no ve propiamente, no distingue ni imagina dos cosas. Cambia, deja de ser él mismo, no conserva nada de sí. Absorbido en Dios, no hace sino uno con él, como el centro de un círculo que coincide con otro centro”.