La transición de la tensión, la autorresponsabilidad y la preocupación, a la ecuanimidad, la receptividad y la paz, es la más maravillosa de todas esas mudanzas del equilibrio interior, de esos cambios en el centro personal de energía que he analizado tantas veces; y la mayor maravilla de ello es que a menudo se produce, no haciendo, sino simplemente relajándose y arrojando la carga.
Este abandono de la autorresponsabilidad parece ser el acto fundamental en la práctica específicamente religiosa, a diferencia de la moral. Es anterior a las teologías e independiente de las filosofías.
- La cura mental, la teosofía, el estoicismo, la higiene neurológica ordinaria, insisten en ello con tanta rotundidad como lo hace el cristianismo, y es capaz de contraer el más estrecho matrimonio con cualquier credo especulativo.
Los cristianos que lo poseen con intensidad viven en lo que se llama «recolección», y nunca se angustian por el porvenir ni se preocupan por el resultado del día. De santa Catalina de Génova se dice que «tomaba conocimiento de las cosas únicamente a medida que se le presentaban de manera sucesiva, momento a momento».
Para su alma santa, “el momento divino era el presente, [...] y cuando el momento presente era valorado en sí mismo y en sus relaciones, y cuando el deber que este implicaba se cumplía, se le permitía desaparecer como si nunca hubiera existido, y dar paso a los hechos y deberes del momento siguiente”.