mi Dios y todas las
En el lenguaje de Pablo: Vivo, mas no yo, vive más bien Cristo en mí. Solo cuando me convierto en nada puede Dios entrar y no quedar ninguna diferencia entre su vida y la mía.
Esta superación de todas las barreras habituales entre el individuo y lo Absoluto es el gran logro místico.
En los estados místicos nos volvemos uno con lo Absoluto y a la vez somos conscientes de nuestra unidad. Esta es la tradición mística, eterna y triunfante, apenas alterada por las diferencias de clima o credo.
En el hinduismo, en el neoplatonismo, en el sufismo, en el misticismo cristiano, en el whitmanismo, encontramos la misma nota recurrente, de modo que hay en las expresiones místicas una unanimidad eterna que debería hacer detenerse a pensar a cualquier crítico, y que da lugar a que los clásicos místicos no tengan, como se ha dicho, ni fecha de nacimiento ni patria.
Al hablar perpetuamente de la unidad del hombre con Dios, su discurso es anterior a las lenguas y no envejecen.