a la luz de otras ciencias y de la filosofía general, tales creencias pueden considerarse verdaderas.
Decidir esto de manera dogmática es una tarea imposible. No solo están las demás ciencias y la filosofía todavía lejos de haberse completado, sino que en su estado actual las hallamos llenas de conflictos. Las ciencias de la naturaleza no saben nada de presencias espirituales y, en conjunto, no mantienen ningún trato práctico con las concepciones idealistas hacia las que inclina la filosofía general. El llamado científico es, al menos durante sus horas científicas, tan materialista que bien puede decirse que, en general, la influencia de la ciencia va en contra de la idea de que la religión deba ser reconocida en absoluto. Y esta antipatía hacia la religión encuentra eco dentro de la propia ciencia de las religiones. El cultivador de esta ciencia tiene que familiarizarse con supersticiones tan abyectas y horribles que en su mente surge fácilmente la presunción de que cualquier creencia que sea religiosa probablemente sea falsa. En la «comunión piadosa» de los salvajes con semejantes mamarrachos de deidades como los que reconocen, resulta difícil para nosotros ver qué obra espiritual genuina —aun cuando fuera una obra relativa tan solo a sus oscuras obligaciones salvajes— puede realizarse posiblemente.
La consecuencia es que las conclusiones de la ciencia de las religiones tienen tantas probabilidades de ser contrarias como favorables a la afirmación de que la esencia de la religión es verdadera.
Existe en el ambiente que nos rodea la idea de que la religión es probablemente solo un anacronismo, un caso de «supervivencia», una recaída atávica en un modo de pensamiento que la humanidad, en sus ejemplos más ilustrados, ha superado; y esta idea es algo que nuestros antropólogos religiosos actuales hacen muy poco por contrarrestar.
Esta opinión está tan extendida en la actualidad que debo examinarla con cierta explicitud antes de pasar a mis propias conclusiones. Permítaseme llamarla la «teoría de la supervivencia», por brevedad.