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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XV

Los alumnos procedieron entonces a realizar entre ellos un examen de competición sobre el tema de las Botas, con el fin de averiguar quién pisaba con más fuerza los dedos de los pies de quién. Este ejercicio mental duró hasta que Biddy se abalanzó sobre ellos y repartió tres Biblias borrosas (con la forma de si hubieran sido cortadas torpemente del extremo nudoso de algo), impresas de manera más ilegible que cualquiera de las curiosidades literarias con las que me he cruzado desde entonces, salpicadas por todas partes de herrumbre y que contenían varios especímenes del mundo de los insectos aplastados entre sus hojas. Esta parte de la clase solía verse aligerada por varios combates singulares entre Biddy y los estudiantes indisciplinados.

Cuando las peleas terminaban, Biddy decía el número de una página, y entonces todos leíamos en voz alta lo que podíamos —o lo que no podíamos— en un coro espantoso; Biddy llevaba la voz cantante con un tono alto, chillón y monótono, y ninguno de nosotros tenía la menor idea ni el menor respeto de lo que estábamos leyendo.

Cuando este horrible estrépito llevaba un cierto tiempo, despertaba mecánicamente a la tía abuela del señor Wopsle, quien tropezaba por casualidad con un muchacho y le tiraba de las orejas. Se entendía que esto ponía fin a las clases de la tarde, y salíamos al aire libre con gritos de victoria intelectual.

Es justo señalar que no existía prohibición alguna de que los alumnos se divirtieran con una pizarra o incluso con la tinta (cuando la había), pero que no era fácil proseguir con esa rama de estudio en la estación invernal, debido a que la tiendecita donde se impartían las clases —que era también el salóndormitorio de la tía abuela del señor Wopsle— apenas estaba tenuemente iluminada por obra de una vela de sebo desanimada y carente de despabiladeras.

Me pareció que llevaría tiempo llegar a ser extraordinario en estas circunstancias; sin embargo, resolví intentarlo, y esa misma tarde Biddy

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