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nydus/Great ExpectationsPublic
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XVIII

no decir nada sobre el artífice de mi fortuna. Todo saldría a la luz a su debido tiempo, observé, y mientras tanto no había que decir nada, salvo que me habían llegado grandes expectativas de parte de un mecenas misterioso. Biddy inclinó la cabeza pensativamente hacia el fuego mientras retomaba su labor, y dijo que sería muy cautelosa; y Joe, sin soltarse las rodillas, dijo: «Sí, sí, yo seré igvalmente canteloso, Pip»; y entonces me felicitaron de nuevo, y pasaron a expresar tanta sorpresa ante la idea de que yo fuera un caballero que la mitad no me gustó.

Biddy se tomó entonces infinitas molestias para transmitir a mi hermana alguna idea de lo que había sucedido. A mi entender, esos esfuerzos fracasaron por completo. Ella rió y asintió con la cabeza una gran cantidad de veces, e incluso repitió tras Biddy las palabras «Pip» y «Fortuna». Pero dudo que tuvieran en ella más significado que un lema electoral, y no puedo sugerir un cuadro más sombrío de su estado mental.

Nunca lo habría creído de no haberlo vivido, pero a medida que Joe y Biddy recuperaban su alegre naturalidad, yo fui ensombreciéndome por completo.

Insatisfecho con mi fortuna, desde luego que no podía estarlo; pero es posible que estuviera, sin llegar a darme cuenta del todo, insatisfecho conmigo mismo.

De cualquier modo, me senté con el codo en la rodilla y la cara en la mano, mirando el fuego, mientras esos dos hablaban de que yo me fuera, y de lo que harían sin mí, y todo eso. Y cada vez que pillaba a alguno de los dos mirándome, por muy agradablemente que fuera (y a menudo me miraban, en especial Biddy), me sentía ofendido: como si estuvieran expresando cierta desconfianza hacia mí. Aunque Dios sabe que nunca lo hicieron ni de palabra ni con gestos.

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