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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XV

educativos; a los cuales Joe siempre añadía una pipa de tabaco. Nunca supo Joe recordar nada de un domingo para otro, ni adquirir, bajo mi tutela, información alguna de ningún tipo. Sin embargo, fumaba su pipa en la batería con un aire mucho más sagaz que en cualquier otra parte, incluso con un aire erudito, como si se considerara a sí mismo avanzando enormemente. Querido muchacho, espero que así fuera.

Era agradable y tranquilo, allá afuera, con las velas en el río pasando más allá del terraplén, y a veces, cuando la marea estaba baja, pareciendo pertenecer a barcos hundidos que aún siguieran navegando por el fondo del agua. Siempre que observaba los barcos mar adentro con sus blancas velas desplegadas, de algún modo pensaba en Miss Havisham y Estella; y siempre que la luz incidía de soslayo, a lo lejos, sobre una nube, una vela, una verde ladera o la línea del horizonte, ocurría exactamente lo mismo.⁠—Miss Havisham y Estella y la extraña casa y la extraña vida parecían tener algo que ver con todo lo que era pintoresco.

Un domingo en que Joe, disfrutando enormemente de su pipa, se había vanagloriado tanto de ser «tremendamente aburrido» que lo había dado por perdido para el resto del día, me tumbé en el terraplén un buen rato con la barbilla apoyada en la mano, distinguiendo rastros de Miss Havisham y Estella por todo el paisaje, en el cielo y en el agua, hasta que al fin me decidí a mencionar un pensamiento relacionado con ellas que me había estado dando muchas vueltas en la cabeza.

—Joe —le dije—, ¿no crees que debería hacerle una visita a la señorita Havisham?

—Bueno, Pip —contestó Joe, sopesándolo lentamente—. ¿Para qué?

—¿Para qué, Joe? ¿Para qué se hace cualquier visita?

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