CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Great ExpectationsPublic
Página 236 de 725
Table of Contents

XIX

Pero después de haber tenido puesto mi nuevo traje durante media hora más o menos, y de haberme hartado de hacer posturas ante el muy limitado espejo de tocador de Mr. Pumblechook en el inútil empeño de verme las piernas, me pareció que me sentaba mejor. Como era mañana de mercado en un pueblo vecino a unas diez millas de distancia, Mr. Pumblechook no estaba en casa. Yo no le había dicho exactamente cuándo pensaba marcharme, y no era probable que volviera a darle la mano antes de partir. Todo esto era tal como debía ser, y salí con mis nuevas galas, muerto de vergüenza por tener que pasar ante el dependiente, y receloso, al fin y al cabo, de estar en clara desventaja personal, algo parecido a la de Joe con su traje de los domingos.

Fui dando un rodeo a casa de Miss Havisham por todos los callejones traseros, y llamé al timbre con torpeza, debido a los rígidos y largos dedos de mis guantes.

Sarah Pocket acudió a la verja y literalmente se echó hacia atrás al verme tan cambiado; su rostro de cáscara de nuez viró asimismo del marrón al verde y al amarillo.

—¿Usted? —dijo ella—. ¿Usted? ¡Dios mío! ¿Qué quiere?

—Voy a Londres, señorita Pocket —le dije—, y quiero despedirme de la señorita Havisham.

No se me esperaba, pues me dejó encerrada en el patio mientras iba a preguntar si se me iba a admitir. Tras una tardanza muy breve, regresó y me llevó arriba, mirándome fija y extrañamente durante todo el trayecto.

Miss Havisham se paseaba por la habitación de la larga mesa extendida, apoyándose en su bastón con muleta. La estancia estaba iluminada como en los viejos tiempos, y al ruido de nuestra entrada, se detuvo y se volvió. En ese momento se hallaba justo a la altura del pastel de boda podrido.

—No te vayas, Sarah —dijo ella—. ¿Y bien, Pip?

236