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nydus/Great ExpectationsPublic
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XX

Mientras miraba a mi alrededor, un ministro de justicia sumamente sucio y medio borracho me preguntó si me apetecería entrar a presenciar un juicio o dos; informándome de que podía conseguirme un sitio de primera fila por media corona, desde el que dominaría una vista completa del Lord Chief Justice con su peluca y su toga, mencionando a aquel imponente personaje como si fuera una figura de cera, y ofreciéndomelo acto seguido al precio reducido de dieciocho peniques. Como decliné la propuesta con la excusa de tener una cita, tuvo la amabilidad de llevarme a un patio y enseñarme dónde se guardaba la horca, y también dónde se azotaba públicamente a la gente, y luego me mostró la Puerta de los Deudores, por la que salían los culpables para ser ahorcados; acrecentando el interés de aquel terrible portal al darme a entender que «cuatro de ellos» saldrían por esa puerta pasado mañana a las ocho de la mañana para ser ajusticiados en masa. Esto era horrible, y me dio una idea nauseabunda de Londres; más aún cuanto que el propietario del Lord Chief Justice vestía (desde el sombrero hasta las botas y de vuelta al pañuelo de bolsillo inclusive) ropas mohosas que evidentemente no le habían pertenecido en origen, y que se me metió en la cabeza que le había comprado baratas al verdugo. Dadas las circunstancias, me di con un canto en los dientes por librarme de él por un chelín.

Pasé por la oficina para preguntar si el señor Jaggers ya había llegado, y descubrí que no, así que volví a salir a la calle. Esta vez, di una vuelta por Little Britain y me metí en Bartholomew Close; y entonces me percaté de que otras personas también estaban esperando al señor Jaggers, al igual que yo. Había dos hombres de aspecto furtivo holgazaneando en Bartholomew Close, que encajaban pensativamente los pies en las grietas del pavimento mientras conversaban, y uno de ellos le dijo al otro cuando pasaron junto a mí por primera vez, que «Jaggers lo haría si se pudiera hacer».

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