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nydus/Great ExpectationsPublic
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XXXI

—Quítale las medias a Mr. Waldengarver —dijo el dueño de dicha propiedad—, o las vas a reventar. Revientas, y revientas treinta y cinco chequelines. A Shakespeare jamás se le ha honrado con un par más fino. Quédate quieto en la silla ahora y déjamelas a mí.

Dicho esto, cayó de rodillas y comenzó a desollar a su víctima; la cual, al quitarle la primera media, sin duda se habría ido de espaldas con todo y silla, de no ser porque no había espacio para caer hacia ningún lado.

Hasta entonces había tenido miedo de decir una palabra sobre la obra. Pero entonces, el señor Waldengarver nos miró con complacencia y dijo:

“Caballeros, ¿cómo les pareció, ir, al frente?”

Herbert dijo desde atrás (a la vez que me daba un codazo): «Magníficamente». Así que yo dije: «Magníficamente».

—¿Qué les ha parecido mi interpretación del personaje, caballeros? —dijo el señor Waldengarver, casi, si no del todo, con condescendencia.

Herbert dijo desde atrás (volviéndome a dar un codazo): «Masivo y concreto». Así que dije con audacia, como si se me hubiera ocurrido a mí y tuviera que insistir en ello: «Masivo y concreto».

—Me alegro de tener su aprobación, caballeros —dijo el señor Waldengarver con un aire de dignidad, a pesar de estar aplastado contra la pared en ese momento y aferrado al asiento de la silla.

—Pero le diré una cosa, señor Waldengarver —dijo el hombre que estaba de rodillas—, en la que se equivoca de cabo a rabo en su interpretación. ¡Y ahora mire! ¡Me importa un bledo quién diga lo contrario; se lo digo yo! Se equivoca en su interpretación de Hamlet cuando pone las piernas de perfil.

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