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nydus/Great ExpectationsPublic
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XVII

Con curiosidad por saber si Biddy sospechaba que él había tenido algo que ver con aquel sangriento ataque del que mi hermana nunca había podido dar razón alguna, le pregunté por qué no le gustaba.

“¡Oh!”, respondió, mirando por encima del hombro mientras él venía arrastrando los pies detrás de nosotros, “porque yo... yo temo que le gusto”.

—¿Alguna vez te dijo que le gustabas? —le pregunté indignada.

—No —dijo Biddy, volviendo a mirar por encima del hombro—, nunca me lo ha dicho; pero me baila enfrente cada vez que logra pillarme la mirada.

Por muy novedosa y peculiar que fuera esta muestra de afecto, no dudaba de la exactitud de la interpretación. Estaba de verdad muy indignado con que el viejo Orlick se atreviera a admirarla; tan indignado como si fuera una afrenta hacia mí mismo.

—Pero a ti no te importa en absoluto, ya sabes —dijo Biddy con tranquilidad.

“No, Biddy, a mí no me importa; solo que no me gusta; no lo apruebo”.

—Yo tampoco —dijo Biddy—. Aunque eso a ti te da lo mismo.

—Exacto —le dije—; pero debo decirte que no tendría ningún concepto de ti, Biddy, si él bailara contigo con tu propio consentimiento.

Estuve vigilando a Orlick después de aquella noche y, siempre que las circunstancias eran propensas a que le bailara el agua a Biddy, me adelantaba para obstaculizar semejante manifestación. Había echado raíces en la herrería de Joe debido a la repentina simpatía que mi hermana le había cogido, o de lo contrario habría intentado

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