Entonces se me ocurrió pensar en una muleta, ya que la forma era muy parecida, y pedí una prestada en el pueblo, mostrándosela a mi hermana con bastante confianza. Pero ella meneó la cabeza de tal manera al vérsela, que nos aterrorizó la idea de que, en su estado débil y destrozado, pudiera dislocarse el cuello.
Cuando mi hermana descubrió que Biddy captaba las cosas con mucha rapidez, este signo misterioso volvió a aparecer en la pizarra. Biddy lo miró pensativa, escuchó mi explicación, miró pensativa a mi hermana, miró pensativa a Joe (que siempre aparecía representado en la pizarra por su inicial) y salió corriendo hacia la fragua, seguida por Joe y por mí.
—¡Pues claro! —exclamó Biddy, con el rostro radiante—. ¿No lo ves? ¡Es él!
¡Orlick, sin duda alguna! Había olvidado su nombre y solo podía señalarlo por su martillo. Le dijimos por qué queríamos que entrara en la cocina, y él dejó lentamente su martillo, se secó la frente con el brazo, volvió a pasar el delantal para darle otro repaso y salió con paso arrastrado, con una curiosa y floja inclinación de vagabundo en las rodillas que lo distinguía notablemente.
I confess that I expected to see my sister denounce him, and that I was disappointed by the different result. She manifested the greatest anxiety to be on good terms with him, was evidently much pleased by his being at length produced, and motioned that she would have him given something to drink. She watched his countenance as if she were particularly wishful to be assured that he took kindly to his reception, she showed every possible desire to conciliate him, and there was an air of humble propitiation in all she did, such as I have seen pervade the bearing of a child towards a hard master. After that day, a day rarely passed without her drawing the hammer on her slate, and without Orlick’s slouching in and standing doggedly