Confiado en mis propios recursos, con mucho gusto me habría hecho cargo de los gastos de Herbert; pero Herbert era orgulloso, y yo no podía hacerle semejante propuesta. De modo que se metió en apuros por todas partes y siguió mirando a su alrededor. Cuando poco a poco caímos en el hábito de trasnochar y frecuentar malas compañías, noté que miraba a su alrededor con ojos desanimados a la hora del desayuno; que empezaba a mirar a su alrededor con más esperanza hacia el mediodía; que se desanimaba al llegar la cena; que parecía avistar el Capital a lo distancia, bastante claramente, después de cenar; que estaba a punto de materializar el Capital hacia la medianoche; y que a eso de las dos de la mañana volvía a estar tan profundamente abatido que hablaba de comprar un rifle e irse a América, con el propósito general de obligar a los búfalos a hacer su fortuna.
Por lo general, yo estaba en Hammersmith como la mitad de la semana, y cuando estaba en Hammersmith rondaba por