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nydus/Great ExpectationsPublic
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XX

Recordé que el empleado tenía el mismo aire de saber algo que perjudicaba a todos los demás, igual que su amo. Me preguntaba cuántos otros empleados habría arriba, y si todos pretendían poseer el mismo dominio perjudicial sobre sus semejantes. Me preguntaba cuál sería la historia de todo aquel extraño desorden esparcido por la habitación y cómo había llegado allí. Me preguntaba si las dos caras hinchadas pertenecían a la familia de Mr. Jaggers y, si era tan desafortunado como para haber tenido un par de parientes tan feos, por qué los había colocado en aquella polvorienta percha para que el hollín y las moscas se posaran en ellos, en vez de darles un lugar en su casa. Por supuesto, yo no tenía experiencia de un día de verano en Londres, y es posible que mi ánimo se viera oprimido por el aire caliente y viciado, y por el polvo y la arenilla que cubrían densamente cada objeto. Pero me quedé pensando y esperando en la estancada habitación de Mr. Jaggers, hasta que de verdad no pude soportar las dos mascarillas del estante situado sobre la silla de Mr. Jaggers, y me levanté y salí.

Cuando le dije al dependiente que daría una vuelta por el aire mientras esperaba, me aconsejó que doblara la esquina y llegaría a Smithfield.

Así llegué a Smithfield; y aquel vergonzoso lugar, todo manchado de inmundicia, grasa, sangre y espuma, parecía quedarse pegado a mí.

De modo que me lo quité de encima con la mayor rapidez posible tomando una calle donde vi la gran cúpula negra de San Pablo abultándose hacia mí por detrás de un sombrío edificio de piedra que un transeúnte dijo que era la prisión de Newgate.

Siguiendo el muro de la cárcel, encontré la calzada cubierta de paja para amortiguar el ruido de los vehículos que pasaban; y por esto, y por la cantidad de gente que rondaba por allí despidiendo un fuerte olor a licores y cerveza, dediqué que se estaban celebrando los juicios.

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