En esta línea de consuelo, Herbert me informó que el invisible Barley conversaba consigo mismo día y noche seguidos;
- A menudo, mientras había luz, teniendo, al mismo tiempo, un ojo en un catalejo que le habían adaptado a la cama para poder barrer el río con la mirada.
En sus dos habitaciones de la buhardilla, que eran frescas y ventiladas, y en las cuales el señor Barley se oía menos que abajo, encontré a Provis instalado cómodamente. No expresó ninguna alarma, y parecía no sentir ninguna que valiera la pena mencionar; pero me dio la impresión de que se había ablandado —de un modo indefinible, pues no habría sabido decir cómo, y jamás pude recordarlo después por más que lo intenté—, pero sin duda lo había hecho.
La oportunidad que el descanso del día me había ofrecido para reflexionar había dado como resultado que estuviera firmemente decidido a no decirle nada respecto a Compeyson. Por lo que yo sabía, su animadversión hacia el hombre podría llevarlo, de otro modo, a ir en su busca y precipitar su propia destrucción.
Por lo tanto, cuando Herbert y yo nos sentamos con él junto a su fuego, le pregunté ante todo si confiaba en el criterio de Wemmick y en sus fuentes de información.
—¡Ay, ay, querido muchacho! —respondió, con un gesto grave—, Jaggers lo sabe.
—Entonces, he hablado con Wemmick —dije—, y he venido a contarle qué advertencia me dio y qué consejo.
Esto lo hice con exactitud, con la salvedad recién mencionada; y le conté cómo Wemmick se había enterado, en la prisión de Newgate (ya fuera por los oficiales o por los prisioneros, no sabría decir), de que él estaba