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nydus/Great ExpectationsPublic
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XLV

Pero durante todo este tiempo, el porqué no debía ir a casa, y qué había pasado en casa, y cuándo iría a casa, y si Provis estaba a salvo en casa, eran preguntas que ocupaban mi mente con tanta intensidad que uno habría podido suponer que ya no cabía en ella ningún otro tema. Aun cuando pensaba en Estella, y en cómo nos habíamos separado ese día para siempre, y cuando recordaba todas las circunstancias de nuestra despedida, y todas sus miradas y tonos, y el movimiento de sus dedos mientras tejía⁠—aun entonces yo seguía, aquí, allá y en todas partes, la advertencia: No vayas a casa.

Cuando por fin me adormecí, por puro agotamiento mental y corporal, se convirtió en un vasto verbo sombrío que tenía que conjugar.

Modo imperativo, tiempo presente:

  • No vayas tú a casa,
  • que no vaya él a casa,
  • que no vayamos nosotros a casa,
  • no vayáis vosotros o no vayan ustedes a casa,
  • que no vayan ellos a casa.

Luego potencialmente: puede que yo no vaya y no pueda ir a casa; y pudiera no, no pudiera, no querría y no debiera ir a casa; hasta que sentí que me estaba volviendo loco, y me volví sobre la almohada, y miré de nuevo los círculos fijos en la pared.

Había dejado instrucciones de que me despertaran a las siete; pues era evidente que debía ver a Wemmick antes que a nadie más, y también evidente que este era un caso en el que solo podían tenerse en cuenta sus sentimientos de Walworth.

Fue un alivio salir de la habitación donde la noche había sido tan miserable, y no necesité que llamaran a la puerta una segunda vez para sobresaltarme de mi lecho intranquilo.

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