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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XLIII

Un hombre con una indumentaria color polvo apareció con lo que le pedían —no sabría decir de dónde: si del patio de la posada, de la calle o de dónde— y, mientras Drummle se inclinaba desde la silla de montar, encendía su puro y reía, con una sacudida de cabeza hacia las ventanas del salón, los hombros encorvados y el pelo desgreñado de aquel hombre que me daba la espalda me recordaron a Orlick.

Demasiado indispuesto para importarme mucho en aquel momento si era él o no, o para probar siquiera el desayuno, me lavé de la cara y de las manos la intemperie y el viaje, y salí hacia aquella memorable y vieja casa que tanto mejor habría sido para mí no haber pisado jamás, no haber visto nunca.

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