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nydus/Great ExpectationsPublic
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XVII

—Si hubiera podido echar raíces —le dije a Biddy, arrancando el pasto corto a mi alcance tal como otrora me había arrancado los sentimientos del pelo para ir a patearlos contra el muro de la cervecería—; si hubiera podido echar raíces y encariñarme con la forja ni la mitad de lo que lo hacía de pequeño, sé que me habría ido mucho mejor. Tú, Joe y yo no habríamos necesitado nada entonces, y quizá Joe y yo nos habríamos hecho socios cuando terminara mi aprendizaje, e incluso habría crecido para andar contigo, y nos habríamos sentado en este mismo talud un buen domingo, siendo personas muy distintas. Yo habría sido lo bastante bueno para ti; ¿verdad, Biddy?

Biddy suspiró mientras miraba los barcos que seguían navegando, y respondió: «Sí; no soy demasiado exigente». Apenas sonaba halagador, pero sabía que lo decía con buena intención.

—En lugar de eso —dexé, arrancando más hierba y masticando una o dos briznas—, mira cómo me va a mí. ¡Descontento, incómodo y —qué me importaría ser burdo y vulgar, si nadie me lo hubiera dicho!

Biddy volvió la cara de repente hacia la mía, y me miró con mucha más atención de la que había mirado a los veleros.

—No fue algo muy verídico ni muy educado de decir —comentó, dirigiendo de nuevo la mirada hacia los barcos—. ¿Quién lo dijo?

Me desconcertó, pues había huido sin ver muy bien a dónde iba. Sin embargo, ya no se podía eludir, y respondí: «La hermosa joven de casa de la señorita Havisham, y es más hermosa que nadie en el mundo, y la admiro terriblemente, y quiero ser un caballero por causa suya».

Hacía esta confesión lunática cuando comencé a arrojar mi hierba troceada al río, como si tuviera intención de seguirla.

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