CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Great ExpectationsPublic
Página 80 de 725
Table of Contents

VII

por la nariz—, tú aún no conoces —por más que creas que sí— el caso. Puedes considerar que lo conoces, pero no lo conoces, Joseph. Pues no sabes que el tío Pumblechook, consciente de que, por lo que sabemos, la fortuna de este muchacho puede hacerse yendo a casa de Miss Havisham, se ha ofrecido a llevarlo al pueblo esta noche en su propio carricoche, a hospedarlo esta noche y a llevarlo con sus propias manos a casa de Miss Havisham mañana por la mañana. ¡Y Dios bendito! —gritó mi hermana, quitándose el sombrero de un repentino arrebato de desesperación—, ¡aquí estoy yo hablando con simples alcornoques, con el tío Pumblechook esperando, la yegua pasando frío en la puerta y el muchacho tiznado de hollín y mugre desde la coronilla hasta la planta de los pies!

Con eso, se abalanzó sobre mí como un águila sobre un cordero, y mi cara quedó aprisionada en artesas de madera en los fregaderos, y mi cabeza fue metida bajo los grifos de los barriles de agua, y fui enjabonado, y amasado, y secado con toalla, y golpeado, y atormentado, y estregado, hasta que de verdad perdí por completo la cabeza.

(Puedo señalar aquí que supongo estar más familiarizado que cualquier autoridad viviente con el efecto nudoso de una alianza de boda pasando antipáticamente por encima del rostro humano.)

Terminadas mis abluciones, me pusieron una ropa blanca de la índole más almidonada, como a un joven penitente en cilicio, y me fajaron con mi traje más apretado y temible. Se me entregó entonces al señor Pumblechook, quien me recibió formalmente como si fuera el sheriff, y me soltó el discurso que yo sabía que semoría de ganas por pronunciar desde el principio:

80