acercado más. * Que su espíritu perverso había enviado de algún modo estos mensajeros al mío, y que ahora en esta noche tormentosa él cumplía su palabra
Junto con estas reflexiones vino la de que yo lo había visto con mis ojos de niño ser un hombre desesperadamente violento; que había oído a aquel otro convicto reiterar que había intentado asesinarlo; que lo había visto allá abajo en la zanja, desgarrándose y peleando como una bestia salvaje.
De tales recuerdos traje a la luz del fuego un terror medio formado de que tal vez no fuera seguro estar encerrado allí con él en lo más hondo de la noche salvaje y solitaria.
Este terror se dilató hasta llenar la habitación y me impulsó a tomar una vela y entrar a mirar mi espantosa carga.
Se había arrollado un pañuelo a la cabeza, y su rostro estaba rígido y ceñudo mientras dormía.
Pero estaba dormido, y plácidamente además, aunque tenía una pistola sobre la almohada.
Habiéndome cerciorado de esto, retiré con suavidad la llave para colocarla por fuera de la puerta y eché la llave antes de volver a sentarme junto al fuego.
Poco a poco me deslicé de la silla y me acosté en el suelo.
Cuando desperté sin haberme desprendido en el sueño de la percepción de mi desdicha, los relojes de las iglesias del este daban las cinco, las velas se habían consumido, el fuego estaba muerto y el viento y la lluvia intensificaban la espesa oscuridad negra.
Este es el fin de la segunda etapa de las expectativas de Pip.