“Se me ha ordenado comunicarle —dijo el señor Jaggers, señalándome con un dedo de costado— que va a heredar una hermosa propiedad. Además, es deseo del actual poseedor de dicha propiedad que sea retirado inmediatamente de su actual esfera de vida y de este lugar, y que sea educado como un caballero; en una palabra, como un joven con grandes expectativas”.
Mi sueño se había cumplido; mi loca fantasía era superada por la sobria realidad; la señorita Havisham iba a hacer mi fortuna a gran escala.
—Ahora, señor Pip —continuó el abogado—, dirijo el resto de lo que tengo que decir a usted.
Debe comprender, en primer lugar, que es deseo de la persona de quien recibo mis instrucciones que conserve siempre el nombre de Pip. No tendrá usted inconveniente, me atrevo a decir, en que sus grandes expectativas estén gravadas con esa sencilla condición. Pero si tiene algún inconveniente, este es el momento de mencionarlo.
Mi corazón latía con tanta fuerza, y me zumbaban los oídos de tal manera, que apenas pude balbucear que no tenía objeción.
“¡Me faltaba más! Ahora ha de saber, en segundo lugar, señor Pip, que el nombre de la persona que es su generoso bienhechor sigue siendo un profundo secreto, hasta que dicha persona decida revelarlo. Estoy facultado para mencionar que es intención de esa persona revelárselo de primera mano y de viva voz. Cuándo o dónde habrá de llevarse a cabo tal intención, no puedo decirlo; nadie puede decirlo. Puede ser de aquí a muchos años. Ahora bien, ha de entender claramente que se le prohíbe de la manera más terminante hacer cualquier indagación al respecto, o cualquier alusión o referencia, por lejana que sea, a individuo alguno como tal, en