“ Mi querido Sr. Pip :—
«Escribo esto a petición del señor Gargery, para hacerle saber que va a ir a Londres en compañía del señor Wopsle y que le encantaría, si le parece bien, que se le permita verle. Pasará por el Hotel Barnard el martes por la mañana a las nueve, hora en la cual, si no le parece bien, le rogamos que deje aviso. Su pobre hermana está muy parecida a cuando usted se marchó. Hablamos de usted en la cocina todas las noches y nos preguntamos qué estará diciendo y haciendo. Si esto se considera ahora una intromisión, discúlpele por el amor a los viejos tiempos. No más por ahora, querido señor Pip, de su siempre agradecida y afectuosa sirvienta,
“Biddy.”
“ P. S. Me encarga muy particularmente que escriba qué pajaras . Dice que usted lo comprenderá. Espero y no dudo que será un placer verle, aun tratándose de un caballero, pues usted siempre tuvo un buen corazón, y él es un hombre digno, muy digno. Le he leído todo, a excepción únicamente de la última frasecita, y me encarga muy particularmente que vuelva a escribir qué pajaras .”
Recibí esta carta por el correo el lunes por la mañana, y por lo tanto su cita era para el día siguiente. Permítanme confesar exactamente con qué sentimientos aguardaba la llegada de Joe.
No con placer, a pesar de estar unido a él por tantos lazos; no; con considerable zozobra, cierta mortificación y un agudo sentido de la incongruencia. Si hubiera podido mantenerlo alejado pagando dinero, sin duda habría pagado dinero.