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nydus/Great ExpectationsPublic
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XVIII

Oh, querido y bueno de Joe, a quien tan dispuesto estaba a dejar y tan ingrato fui con él, te vuelvo a ver, con el musculoso brazo de herrero ante los ojos, y el ancho pecho agitándose, y tu voz apagándose.

Oh, querido, bueno, fiel y tierno Joe, ¡siento el temblor amoroso de tu mano sobre mi brazo, hoy tan solemnemente como si hubiera sido el crujir de la ala de un ángel!

Pero yo animé a Joe en aquel momento. Me había perdido en los laberintos de mi futura fortuna y no podía desandar los senderos secundarios que habíamos recorrido juntos. Le rogué a Joe que se consolara, porque (como él decía) siempre habíamos sido los mejores amigos, y (como yo decía) lo seguiríamos siendo siempre. Joe se frotó los ojos con la muñeca que tenía libre, como si estuviera empeñado en sacárselos, pero no dijo una sola palabra más.

Mr. Jaggers lo había presenciado todo con la actitud de quien reconocía en Joe al tonto del pueblo, y en mí a su cuidador. Cuando terminó, dijo, pesando en su mano el monedero que había dejado de balancear:⁠—

—Ahora, Joseph Gargery, te advierto que esta es tu última oportunidad. Conmigo no hay medias tintas. Si tienes la intención de aceptar un regalo que tengo el encargo de hacerte, habla claro, y lo tendrás. Si, por el contrario, pretendes decir...

Aquí, para su gran asombro, se vio interrumpido por Joe, quien de repente comenzó a girar a su alrededor con todas las muestras de un funesto propósito pugilístico.

—Lo que quiero decir —gritó Joe—, que si vienes a mi establecimiento a acosarme y hostigarme, ¡sal fuera! ¡Lo que quiero decir es que si eres un hombre, adelante! ¡Lo que quiero decir es que lo que digo, lo digo y ¡me sostengo en ello caiga quien caiga!

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