próxima semana más o menos?”
Olfateé el peligro.
—¡Por supuesto —dije—, montones! ¡Millones! ¡Hasta los topes!
“¿Qué son?”
—Yo... este... bueno, no estoy muy seguro.
“Me lo figuraba. No tienes ningún compromiso. Muy bien, entonces quiero que salgas inmediatamente hacia América”.
¡América!
No pierdas de vista el hecho de que todo esto ocurría en ayunas, poco después del canto de la alondra.
“Sí, América. Supongo que incluso tú has oído hablar de América”.
“Pero ¿por qué América?”
“Porque ahí es donde está tu primo Gussie. Está en Nueva York, y no puedo llegar hasta él”.
—¿Qué ha estado haciendo Gussie?
“Gussie se está portando como un auténtico idiota”.
Para alguien que conocía al joven Gussie tan bien como yo, las palabras abrían un amplio campo a la especulación.