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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Jeeves and the Yuletide Spirit

encajar las verdes y las maduras. Pero decir que me gustaba la perspectiva que ahora se abría ante mí habría sido andar con rodeos respecto a la verdad. Una sola mirada a la cama me indicó que cualquier idea de dormir allí estaba descartada. Un pez rojo podría haberlo hecho, pero no Bertram. Tras dar un pequeño vistazo a mi alrededor, decidí que la mejor oportunidad de echar una especie de cabezada era sestear lo mejor que pudiera en el sillón. Afané un par de almohadas de la cama, me tiré la alfombra de la chimenea sobre las rodillas, me senté y me puse a contar ovejas.

Pero no sirvió de nada. La vieja bombilla chisporroteaba demasiado como para permitir nada que se parezca al sopor. Esta horrible revelación de la negrura de la traición de Jeeves volvía a mi mente cada vez que estaba a punto de dormirme; y, por si fuera poco, parecía hacer cada vez más frío a medida que avanzaba la larga noche.

Estaba preguntándome si volvería a dormir en este mundo alguna vez cuando una voz a mi lado dijo: «Buenos días, señor», y me incorporé de un brinco.

Podría haber jurado que ni siquiera me había dormido ni por un minuto, pero por lo visto sí. Pues las cortinas estaban abiertas y la luz del día entraba por la ventana, y ahí estaba Jeeves de pie a mi lado con una

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