ir a un lugar donde el miembro más joven tiene unos ochenta y siete años y no está bien visto hablar con nadie a menos que tú y él hayan estado juntos en la guerra de la Independencia. Fue un alivio tropezar con Bingo. Empezamos a hablar en voz baja.
—Este club —dije— es el colmo.
—Es la repera —convino el joven Bingo—. Creo que ese viejo que está junto a la ventana lleva muerto tres días, pero me da apuro comentárselo a nadie.
—¿Has almorzado ya aquí?
—No. ¿Por qué?
“Tienen camareras en lugar de camareros.”
“¡Santo Dios! Creí que eso se había acabado con