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nydus/Jeeves StoriesPublic
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La tía Ágatha mete la pata

en el colegio, porque hoy en día no me dedico mucho a esas cosas⁠—haber leído un poema o algo sobre algo acerca de lo cual había un verso que decía, si no lo recuerdo mal: «Las sombras de la cárcel empiezan a cernirse sobre el muchacho en crecimiento». Bueno, a lo que quiero llegar es a que, durante las dos semanas siguientes, exactamente así fue la cosa conmigo. Quiero decir que podía oír las campanas de boda repicando débilmente a lo lejos y cada día más fuerte, y cómo demonios escurrir el bulto superaba lo que yo era capaz de imaginar. Jeeves, sin duda, habría podido idear una docena de planes ingeniosos en un par de minutos, pero seguía distante y frío, y yo no lograba obligarme a pedírselo a quemarropa. Quiero decir que él veía perfectamente que el joven amo estaba en un apuro y, si eso no bastaba para pasar por alto el hecho de que yo seguía brillando ostentosamente por la cintura, bueno, en lo que venía a parar todo aquello era en que el viejo espíritu feudal había muerto en el pecho del tipo y no había nada que hacer al respecto.

Realmente era de lo más estrafalario el modo en que la familia Hemmingway me había acogido. No habría dicho a primera vista que hubiera nada particularmente fascinante en mí; de hecho, la mayoría de la gente me considera bastante memo; pero no se podía negar el hecho de

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