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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Camarada Bingo

nada mejor que hacer esta mañana, podrías darte un paseo por Bond Street y ir eligiendo un regalo de bodas.

Perdí de vista a Bingo después de aquello. Dejé un par de recados en el club pidiéndole que me llamara, pero no surtieron ningún efecto. Supuse que estaba demasiado ocupado para responder.

Los Hijos del Rojo Amanecer también desaparecieron de mi vida, aunque Jeeves me dijo que se había encontrado al camarada Butt una tarde y había charlado brevemente con él. Informó de que Butt estaba más sombrío que nunca. En la competencia por la abultada Charlotte, al parecer Butt había perdido muchísimos puntos en las apuestas.

—Parece haberle eclipsado por completo, señor —dijo Jeeves.

«¡Malas noticias, Jeeves; malas noticias!»

—Sí, señor.

—Supongo que lo que viene a significar todo esto, Jeeves, es que, cuando el joven Bingo de verdad se quita la chaqueta y se pone manos a la obra, no hay poder divino ni humano capaz de evitar que haga el payaso.

—Parece que sí, señor —dijo Jeeves.

Luego llegó Goodwood, saqué el mejor traje del armario y me fui para allá.

Nunca sé, cuando estoy contando una historia, si reducir la cosa a los hechos puros o si ponerme a parlotear y meter un montón de ambiente, y todo eso. O sea, muchos tipos sin duda entrarían en el espasmo final de esta narración con una larga descripción de Goodwood, destacando el cielo azul, el paisaje ondulante, las jubilosas multitudes de carteristas y las

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