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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Bingo y la Mujercita

que era pata negra y que me iba a ayudar en mi asunto.

Esta fue el pasaje:

«¿Qué puede prevalecer» —los ojos de Millicent centellearon mientras se enfrentaba al severo anciano—, «qué puede prevalecer contra un amor puro y absoluto? Ni principados ni potestades, mi señor, ni todas las mezquinas prohibiciones de tutores y padres. Amo a su hijo, lord Windermere, y nada podrá separarnos. Desde el principio de los tiempos este amor nuestro estaba predestinado, y ¿quién es usted para enfrentarse a los decretos del Destino?».

El conde la miró fijamente desde debajo de sus pobladas cejas.

—¡Hum! —dijo.

Antes de que tuviera tiempo de refrescarme la memoria sobre cuál había sido la réplica de Millicent a aquel comentario, se abrió la puerta y el viejo Bittlesham entró rodando. Encima de mí, como de costumbre.

—Mi querido señor Wooster, es un placer inesperado. Le ruego que tome asiento. ¿Qué puedo hacer por usted?

—Bueno, el caso es que ahora mismo actúe un poco a modo de alegre y viejo embajador. Representando al joven Bingo, ya sabe.

Su cordialidad decayó un ápice, me pareció, pero no me echó, así que seguí adelante.

—Tal y como yo siempre lo veo —dije—, resulta condenadamente difícil que algo prevalezca contra lo que se podría

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