pero no del todo. Yo imagino los acontecimientos de la noche así: * Iremos dando un paseo hasta Ciro's después de cenar. * Es noche de prórroga, ¿no es así? * Bueno, con eso tiraremos hasta eso de las dos y media
—Después de lo cual, sin duda —dijo Claude—, el Señor proveerá.
—Pero pensé que querrías descansar bien por la noche.
—¡Buen descanso! —dijo Eustace—. Mi querido viejo amigo, ¿ni por un momento te imaginarás que estamos pensando en irnos a la cama esta noche, verdad?
Supongo que, a fin de cuentas, ya no soy el hombre que era. Digo que estas vigilias de toda la noche no parecen fascinarme como solían hacerlo hace unos años. Recuerdo la época en la que estaba en Oxford, en la que un baile en Covent Garden hasta las seis de la mañana, con desayuno en el Hammams y probablemente una pelea campal con unos cuantos vendedores ambulantes selectos para rematar, me parecía mano de santo. Pero hoy en día las dos es más o menos mi límite; y a las dos los gemelos apenas se estaban acomodando y empezando a dormirse a gusto.
Por lo que recuerdo, fuimos de lo de Ciro a jugar al chemmy con unos tipos que no recuerdo haber visto antes, y debían de ser como las nueve de la mañana cuando volvimos a aparecer por el apartamento. Para entonces, he de admitir,