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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Déjaselo a Jeeves

por el que había venido a consultarme. Las primeras palabras que pronuncié fueron: «Corky, ¿qué pasa con tu tío?».

El pobre muchacho soltó una de esas risas sin alegría. Tenía un aspecto preocupado y ansioso, como el de un hombre que ha cometido el crimen perfectamente, pero no se le ocurre qué diablos hacer con el cadáver.

—Tenemos mucho miedo, señor Wooster —dijo la muchacha—. Esperábamos que pudiera sugerirnos una forma de decírselo.

Muriel Singer era una de esas chicas muy calladas y atrayentes que tienen una forma de mirarte con sus grandes ojos como si pensaras que eres lo más grande del mundo y te extrañaras de que tú mismo aún no te hubieras dado cuenta. Se sentó allí como encogida, mirándome como si se dijera a sí misma: «Ay, espero de verdad que este hombre tan fuerte y grandote no vaya a hacerme daño». Le inspiraba a uno una especie de sentimiento protector, le daban ganas a uno de acariciarle la mano y decirle: «¡Venga, venga, pequeñina!» o palabras en ese sentido. Me hacía sentir que no había nada que no hiciera por ella. Se parecía bastante a esos tragos americanos de sabor inocente que se van infiltrando imperceptiblemente en tu organismo de modo que, antes de que te des cuenta de lo que estás haciendo, te dispones a reformar el mundo por la fuerza de ser necesario y te detienes por el camino para decirle al tipo grandote de la esquina que, si vuelve a mirarte así, le vas a arrancar la cabeza. Lo que

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