qué no fastidiarlo? Tampoco es que haya mostrado una maldita consideración por nuestros sentimientos.
El Rt. Hon. pasó entonces a otro aspecto del asunto.
“No logro entender cómo mi barca, que até firmemente al tronco de un sauce, ha podido alejarse a la deriva”.
«Terriblemente misterioso».
“Empiezo a sospechar que fue soltado deliberadamente por alguna persona traviesa”.
“Vaya, hombre, no, es poco probable. Los habrías visto haciéndolo”.
“No, Mr. Wooster. Pues los arbustos forman una mampara eficaz. Además, aletargado por la insólita calidez de la tarde, me quedé dormido un buen rato casi en cuanto llegué a la isla”.
Esto no era el tipo de cosas en