Bueno, no puedes ponerte a peinar Nueva York en busca de una chica llamada Mabel, ¿no?”
“Comprendo la dificultad, señor.”
—Bueno, pues ahí lo tienes.
—Comprendo, señor.
Por entonces nos habíamos metido en una maraña de vehículos a la salida de la Exposición y, al requerirse cierta pericia al volante, tuve que suspender la conversación.
Aparcamos por fin y entramos. Jeeves se desvaneció, y Sir Roderick tomó el mando de la expedición. Se dirigió al Palacio de la Industria, con Biffy y un servidor a la zaga.
Bueno, ya sabe, nunca he sido muy amigo de las exposiciones. La muchedumbre en masa siempre me tira bastante para atrás, y después de arrastrar los pies entre la multitud durante un