poco el interés por lo que pasaba en ese momento. Cuando hube logrado enderezarme, descubrí que Jeeves y la criatura se habían retirado y Cyril estaba en el centro de la habitación resoplando un poco.
—¿Quién es ese horrible bicho, Wooster?
“No lo sé. Nunca lo había visto antes de hoy.”
“Le propiné un par de bofetadas bastante sustanciosas antes de poner los pies en polvorosa. Diga, Wooster, ese muchacho soltó una memez de lo más estrafalaria. Gritó algo acerca de que Jeeves le había prometido un dólar si me llamaba —eh— lo que dijo”.
Me parecía bastante poco probable.
¿Para qué haría Jeeves semejante cosa?
—También me pareció de lo más extrañito.
“¿Dónde estaría el sentido