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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Bingo y la Mujercita

en persona —dije—. Está esperando abajo, con esposa incluida. Bajaré a hacerlos subir. Adiós, y muchísimas gracias. A Bingo le va a hacer una ilusión tremenda.

Salí disparado y bajé corriendo. Bingo y la señora estaban sentados en un par de sillas como pacientes en la sala de espera de un dentista.

—¿Y bien? —dijo Bingo con impaciencia.

—Ya no queda nada más que las apretadas de manos —respondí, dándole una palmada en la espalda al viejo bizcocho—. A cargar las pilas y a hacer buenas migas. Adiós, viejos. Ya sabéis dónde encontrarme, por si me necesitáis. Mil felicitaciones y todas esas chorradas.

Y chisté, no queriendo que me adulurasen.

Uno nunca sabe cómo se darán las cosas en este mundo. Si alguna vez sentí que algo intentado, algo hecho se había ganado el reposo de una noche, fue cuando regresé al apartamento, apoyé los pies en la repisa de la chimenea y empecé a saborear la taza de té que Jeeves me había traído. Por muy acostumbrado que esté a ver a los favoritos de la vida venirse abajo en la recta final y acabar en el pelotón de los torpes, no veía motivo de alarma en este asunto del joven Bingo. Todo lo que tenía que hacer cuando lo

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