la escuela se proponía asistir a su servicio este domingo para juzgar los méritos de su predicción, un punto importantísimo para decantar la decisión de la Junta. Accedí a su súplica de prestarle mi sermón sobre el Amor Fraterno, del cual, al igual que usted, al parecer guarda un vivo recuerdo. Habría sido demasiado tarde para que compusiera un sermón de duración adecuada en lugar del breve discurso que —erróneamente, a mi juicio— tenía pensado dirigir a su rústica grey, y deseaba ayudar al muchacho. > > Confiando en que su predicción del sermón le proporcione recuerdos tan gratos como dice que tiene de
No sé cuándo he experimentado un silencio más inmenso que el que siguió a la lectura de esta alegre epístola.
El joven Bingo tragó saliva una o dos veces, y prácticamente todas las emociones conocidas pasaron por su rostro.
Jeeves tosía una tos suave, baja y apacible, como la de una oveja con una brizna de hierba atragantada en la garganta, y luego se quedó mirando serenamente el paisaje.
Finalmente, el joven Bingo habló.
—¡Válgame Dios! —susurró con voz ronca—. ¡Un trabajo de la S.P.!
—Creo que ese es el término técnico, señor —dijo Jeeves.
—¡Así que tenías información de primera mano, rayos y centellas! —dijo el joven Bingo.
—Pues sí, señor —dijo Jeeves—. Brookfield tuvo a bien mencionarme el contenido de