menos similar en lo que respecta al señor Bullivant y la señorita Vickers”.
—¿No está pasando por alto el hecho de que este muchacho no tiene ningún parentesco con el señor Bullivant ni con la señorita Vickers?
—Aun con ese impedimento, señor, imagino que podrían derivarse buenos resultados. Pienso que, si fuera posible reunir al señor Bullivant y a la señorita Vickers durante un breve espacio de tiempo en presencia del niño, señor, y si el niño dijera algo de índole conmovedora...
—Le sigo absolutamente, Jeeves —exclamé con entusiasmo—. Es grandioso. Así es como lo veo. Situamos la escena en esta habitación. Niña, centro. Chica, izq. centro. Freddie al fondo, tocando el piano. No, así no sirve. Solo sabe tocar un trocito de «El rosario» con un dedo, así que tendremos que prescindir de la música incidental. Pero el resto está bien. Mire —dijimos—: este tintero es la señorita Vickers. Esta taza que pone «Un recuerdo de Marvis Bay» es la niña. Este salvapuntas es el señor Bullivant. Empezamos con un diálogo que conduce a la frase de la niña. La niña dice la frase, digamos: «Señorita bofita, ¿te quiere papá?». Negocio de manos extendidas. Mantener la estampa un momento. Freddie cruza a la izq., toma la mano de la chica. Negocio de tragarse un nudo en la garganta. Luego el gran discurso: «¡Ah, Elizabeth, acaso no ha durado demasiado este malentendido nuestro! ¡Mirad!