Has estado en el comedor casi todo el tiempo. Ese petimetre se va a venir a vivir aquí.
«¿Pastilla, señor?»
“La excrecencia”.
“¿Perdón, señor?”
Miré a Jeeves con fijeza. Ese tipo de cosas no iban con él. Era como si estuviera intentando fastidiarme a propósito.
Entonces lo comprendí. El hombre estaba de veras disgustado por lo de la corbata. Estaba intentando vengarse.
—Lord Pershore se quedará aquí desde esta noche, Jeeves —dije con frialdad.
—Muy bien, señor. El desayuno está servido, señor.
Podría haber sollozado sobre el bistec con huevos. Que no hubiera forma de sacarle a Jeeves ni una pizca de compasión fue lo que colmó el vaso. Por un momento estuve a punto de flaquear y