al dominó después de cenar. * Y luego la cama temprano y el sueño reparador. Lo pasamos de maravilla. Me dio mucha pena cuando se
“¡Oh! ¿Wilmot está en Boston?”
—Sí. Tendría que haberte avisado, pero por supuesto no sabíamos dónde estabas. Te anduviste escondiendo por todas partes como una agachadiza... o sea, ¿no?, te anduviste moviendo por todos lados y no pudimos dar contigo. Sí, Motty se marchó a Boston.
—¿Estás segura de que fue a Boston?
“Ah, perfectamente.” Le grité a Jeeves, que andaba por ahí trasteando en la habitación contigua con los tenedores y demás:
«Diga, Jeeves, lord Pershore no habrá cambiado de opinión respecto a lo de ir a Boston, ¿verdad?»
—No, señor.
“Pensé que tenía razón. Sí, Motty fue a Boston”.
—Entonces, ¿cómo se explica usted, señor Wooster, el hecho de que, cuando fui ayer por la tarde a la prisión de Blackwell’s Island para recabar material para mi libro, vi allí al pobre y querido Wilmot, vestido con un traje a rayas, sentado junto a un montón de piedras y con un martillo en las manos?
Intenté pensar en algo que decir, pero no se me ocurrió nada. Hace falta tener la mollera mucho más despejada que yo para encajar un golpe así. Forcé el viejo tarro hasta que crujió, pero entre el cuello de la camisa y la raya del pelo no se movía ni un alma. Me