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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Déjaselo a Jeeves

a vivir eternamente. Tenía cincuenta y uno años, y parecía que iba a dar la talla. Sin embargo, no era esto lo que angustiaba al pobre y viejo Corky, pues no era un fanático y no tenía objeción a que el hombre siguiera viviendo. De lo que se quejaba Corky era de la forma en que el mencionado Worple solía hostigarle.

El tío de Corky, ya ve usted, no quería que fuera artista. No creía que tuviera ningún talento en esa dirección. Siempre lo instaba a dejar el Arte, meterse en el negocio del yute, empezar desde abajo e ir ascendiendo.

El yute se había convertido al parecer en una especie de obsesión para él. Parecía atribuirle una importancia casi espiritual. Y lo que Corky decía era que, aunque no sabía qué se hacía en la parte baja del negocio del yute, su instinto le decía que era algo demasiado espantoso para describirlo con palabras.

Corky, además, creía en su futuro como artista. Algún día, decía, daría el campanazo. Mientras tanto, usando el máximo tacto y poder de convicción, lograba que su tío le soltara muy a regañadientes una pequeña asignación trimestral.

No habría conseguido esto si su tío no hubiera tenido una afición. El señor Worple era peculiar en este sentido. Por lo general, según lo que he observado, el capitán de la industria estadounidense no hace nada fuera del horario laboral. Cuando ha sacado al gato y ha cerrado la oficina con llave por la noche, simplemente recae en un estado de coma del que solo

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