sangre de los Bassington-Bassington.
—¡Vaya, me he quedado de una pieza! —dijo—. ¡Y tanto que me he quedado!
—Yo no tendría una cara así —prosiguió el niño, con bastante seriedad—, ni aunque me diera un millón de dólares. —Pensó por un momento, y luego se corrigió—: ¡Dos millones de dólares! —añadió.
Justo lo que ocurrió entonces no sabría decirlo con exactitud, pero los minutos siguientes fueron bastante emocionantes. Supongo que Cyril debió de lanzarse a por el crío. De todos modos, el aire parecía bastante congestionado de brazos, piernas y cosas por el estilo. Algo chocó contra el chaleco de los Wooster justo a la altura del tercer botón, y me desplomé en el sofá, perdiendo un